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Ampliación Tercer Piso: Área de Internación

En la Clínica seguimos creciendo y mejorando para usted, esta vez ampliando el tercer piso, el área internación. Estamos en obra para mejorar la calidad de nuestro servicio, disculpe las molestias ocasionadas.

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Obesidad con desnutrición, una paradoja actual

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los niños menores de 5 años con sobrepeso en el mundo aumentaron de 32 millones en 1990 a 42 millones en 2013. De mantenerse la tendencia, los niños con sobrepeso llegarían a 70 millones para 2025. Por su parte, los adolescentes obesos pasaron de 11 millones en 1975 a 125 millones en 2016 y se estima en más de 200 millones los niños y adolescentes obesos para 2022. En los últimos 40 años, la obesidad en varones se triplicó y en mujeres aumentó más del doble, hasta llegar a 640 millones de obesos en el planeta.

La suba de peso fue asociado con la urbanización, la reducción de actividad física y los cambios de la cultura alimenticia. Pero, según William Dietz –pediatra de la George Washington University–, “la globalización de las dietas empobrecidas y la poca actividad física son sólo una parte del problema, ya que los cambios alimentarios y el sedentarismo no se pueden atribuir a demandas orgánicas”.

También importan los inductores del comportamiento que modelan las conductas dietéticas, el mayor acceso a alimentos procesados, la sobrecarga publicitaria, la presión de las firmas alimentarias y la falta de políticas públicas para controlar la calidad de lo que se consume.

En Córdoba y en el país se conoce que, en los últimos siete años, la proporción de niños menores de 6 años con obesidad subió al 12 por ciento y a más del 30 por ciento los infantes con sobrepeso, y se registra sólo el 0,3 por ciento de peso bajo en niños en situación de vulnerabilidad. El aumento de obesidad con desnutrición oculta se expresa como niños obesos y bajos.

Aunque no son muy conocidos los factores que asocian la malnutrición con la obesidad en el mismo grupo humano, sin duda la saturación del mercado con sustitutos de leche materna, gaseosas y productos lácteos con sólo una fracción de leche verdadera forma parte de las propuestas poco saludables. También la “comida chatarra” con exceso de calorías y pocos micronutrientes (vitaminas y minerales) y los complementos nutricionales innecesarios.

No sólo un problema estético

Las harinas, las grasas y los azúcares son baratos y llenan panzas, mientras que el sobrepeso no suele ser considerado un problema, ya que el preconcepto social juzga al chico gordito como sano. Y –a diferencia del peso bajo, cuyo control es más urgente en el pensamiento colectivo–, el tratamiento de la obesidad se percibe como menos crítica. El problema no es la estética, sino el daño de la salud que, como toda patología crónica no transmisible, altera la calidad vida y produce mayores gastos futuros y evitables en salud pública.

Las dificultades para implementar los cambios necesarios exceden al individuo y se extienden al comportamiento social, que debe competir con la publicidad engañosa y con los intereses de corporaciones alimentarias. La reciente ordenanza que retira de la mesa el azúcar en los bares de Córdoba mostró la necesidad de poner estos temas en la agenda pública de discusión política, revelando que la obesidad debe encararse como política de Estado con toda la sociedad comprometida.

Los cambios de conducta necesarios para una adecuada nutrición se basan en tres pilares: mejorar hábitos alimentarios, fomentar la actividad física y estimular la autoestima social, lo cual no es sencillo, pero puede lograrse con políticas públicas de protección y con la ciudadanía involucrada.

En el aumento de obesidad infantil y adolescente provocado por cambios socioeconómicos, culturales y familiares asociados al sedentarismo, la urbanización y la hiperpublicidad de los alimentos basados en grasas y azúcares, también debe considerarse el tiempo frente al televisor, a la computadora o al smartphone. En esta verdadera epidemia global, persiste la noción equivocada de que obesidad indica opulencia, pero con frecuencia se acompaña con malnutrición en la misma familia, región y estrato social, con consecuencias graves para la comunidad.

Complicaciones futuras del niño obeso

Dislipemia, hipertensión arterial, diabetes tipo 2, síndrome metabólico, apneas del sueño, enfermedad hepática grasa y consecuencias psicosociales engrosan las complicaciones futuras de un niño con obesidad o sobrepeso.

La infancia es una etapa clave para instalar hábitos que previenen este problema, como la actividad física programada y la alimentación saludable.

* Liliana Villafañe es pediatra del Programa Libera y Roberto Rovasio es profesor emérito de la UNC.

El texto original de este artículo fue publicado el 13/08/2018 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición pdf para leerlo igual que en el papel.
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Crean el primer análisis de sangre que detecta el cáncer de piel en sus primeras fases

La Universidad Edith Cowan de Australia anunció este miércoles el desarrollo del primer análisis de sangre capaz de detectar melanomas en sus primeras etapas, lo que ayudará a salvar miles de vidas y ahorrará millones a los sistemas de salud.

Los científicos de esta universidad probaron el método en 209 personas, 105 de ellas con melanomas, y comprobaron que el test detectó este tipo de tumor en sus primeras etapas en un 81,5 por ciento de los casos, indicó la entidad en un comunicado.

El procedimiento funciona mediante la detección de los anticuerpos con los que responde el cuerpo humano a la presencia de un melanoma. Los científicos pasarán a continuación a los análisis clínicos para convalidar el descubrimiento.

El pasado marzo, expertos del Instituto de Investigación Médica Berghofer QIMR, en Australia, presentaron un test digital que determina con “gran precisión” el riesgo de desarrollar melanomas en personas de más de 40 años en los próximos tres años y medio.

El método calcula el riesgo teniendo en cuenta siete factores, como la edad, el sexo y el color del pelo, entre otros, y se elaboró con los datos recopilados de unas 42.000 personas.

El melanoma, el carcinoma basocelular y el carcinoma epidermoide son los tres cánceres de piel más frecuentes en el mundo y la probabilidad de que el enfermo lo supere es de entre el 90 y el 95 por ciento si se detecta a tiempo.

El cáncer es la segunda causa de muerte en el mundo; en 2015, ocasionó 8,8 millones de defunciones.

Casi uno de cada seis decesos en el mundo se debe a esta enfermedad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Fuente: La Voz del Interior.

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Síndrome de Ovario Poliquístico: un padecimiento aleatorio entre las mujeres

Durante la pubertad y adolescencia Nancy tenía períodos menstruales irregulares, exceso de vello corporal y una constante lucha sin resultados por bajar de peso; la causa de sus problemas la descubrió en un diagnóstico médico: Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP).

Como Nancy, “toda mujer que empiece con su regla hasta que presente la menopausia puede manifestar este síndrome”, debido a que “es completamente aleatorio”, dijo a Efe Zarela Chinolla Arellano, especialista en ginecobstetricia del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Chinolla Arellano indicó que el síndrome integra varias características clínicas, la principal es la alteración menstrual, es decir, retraso del ciclo por más allá de 40 días, incluso por periodos de tres o seis meses hasta casi un año.

Un ciclo menstrual adecuado tendría las características de ser cada 25 a 35 días, con dos a siete días de sangrado, de entre cuatro a cinco toallas por día o no mayor a 80 mililitros en la copa menstrual durante todo el periodo.

“Si no tiene estas características, eso sería un dato para acudir al médico”, señaló la especialista.

La segunda manifestación del síndrome se deriva de la elevación de andrógenos (hormonas sexuales masculinas que en bajas cantidades son normales en mujeres): aumento de vello, tendencia a la obesidad principalmente en el abdomen y acné aun en la etapa adulta.

Y la tercera manifestación es el exceso de folículos o quistes en los ovarios, cuya presencia es normal en los primeros días del ciclo para que uno de ellos crezca, genere la ovulación y después desaparezca o sea fecundado.

Sin embargo, en las pacientes de SOP “son tantos (folículos) que ninguno crece, no permite la ovulación, por lo tanto tienen problemas para embarazarse o para tener ciclos menstruales regulares”, indicó la ginecobstetra.

Nancy de 20 años de edad, recordó que con apenas 15 años ya lidiaba con el síndrome que, para antes de ese momento, era desconocido por ella y su familia, y le causaba afecciones en su vida personal y social.

“No me concentraba”, refirió la joven al hablar de su bajo rendimiento escolar durante la preparatoria, pues “tenía muchas inseguridades, creía que me iba a dar cáncer o que no iba a poder tener hijos”.

Entender que, debido al síndrome, a la joven se le dificultaba perder peso, cambió su vida: “a pesar de que siempre me había mantenido con una dieta sana y ejercicio, me di cuenta que tenía que esforzarme aún más”, afirmó Nancy.

Sin embargo, -continuó- “gracias al tratamiento empecé a bajar de peso, como lo hace una persona normal, entonces me sentía bien y mi autoestima empezó a crecer”.

El tratamiento para el Síndrome de Ovario Poliquístico varía según el caso de cada mujer, “como es una condición que no se sabe a quién le va a dar, es conveniente que lleven diagnóstico y estar en revisiones constantes”, consideró la especialista.

En algunas mujeres es suficiente con mantener una rutina específica de dieta y ejercicio, en tanto que, otros casos requieren de un tratamiento hormonal, debido a que el síndrome lo desencadena la elevación, transitoria o permanente, de andrógenos.

Por ello, la doctora Zarela Chinolla Arellano enfatizó que es importante acudir al médico al detectar algo inusual, con el fin de aclarar dudas y recibir un tratamiento oportuno.

Por ejemplo, “si una paciente con el síndrome tiene la fortuna de encontrar el embarazo pero nunca se atendió, aumenta el riesgo de enfermedades hipertensivas, abortos espontáneos y diabetes gestacional”, advirtió.

La especialista concluyó que, aunque el Síndrome de Ovario Poliquístico afecta a entre el 6 y 8 % de las mujeres a nivel internacional y es irreversible, “se puede controlar perfectamente bien para que lleven una vida normal”.

Fuente: La Voz del Interior.

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